Jesús es mediador y fiador del Nuevo Pacto
Dios hizo un pacto con su pueblo Israel por medio de Moisés, “entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas” (Éxodo 24:8). Pero este pacto que había sido confirmado con la sangre de animales fue invalidado por el pueblo de Israel, de esto Dios dice que “la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres” (Jeremías 11:10) y la causa de porque Israel y Judá invalidaron el pacto fue porque “se fueron tras dioses ajenos para servirles” (Jeremías 11:10); por esta razón Dios prometió hacer un nuevo pacto:
He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Jeremías 31:31
El Nuevo Pacto ha sido establecido por Dios por medio del nuevo mediador, Jesucristo, y está vez este pacto no fue confirmado con la sangre de animales sino con la sangre más preciosa y excelente, la sangre de Jesucristo; de esto dice el Señor Jesús:
Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para perdón de los pecados.
Mateo 26:28
Habiendo Cristo derramado su sangre para establecer el Nuevo Pacto de Dios con los hombres, ningún otro ser humano vivo o muerto puede mediar entre Dios y los hombres ni tomar ese honor para sí mismo y nada ni nadie tampoco puede darle ese honor a ningún ser humano, pues, Jesús fue escogido por su Padre y confirmado bajo juramento para que fuese el único y suficiente mediador entre Dios y los hombres y de esto da testimonio la palabra de Dios diciendo:
Juró Jehová [a su Hijo unigénito Jesús], y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
Hebreos 7:21-28, Salmo 110:4
Y es que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5) “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Por tanto, solo Jesús es el mediador de este Nuevo Pacto, de lo cual dice la Escritura que Jesús es “es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Hebreos 8:6) por lo cual solo el Señor Jesús “puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios” (Hebreos 7:25). Por tanto, acércate al Señor Jesús el único y suficiente mediador del Nuevo Pacto, de todo corazón arrepentido de tus pecados y creyendo que Jesús es el Señor y Salvador y serás salvo.
Jesús es también mediador del Nuevo Pacto porque por medio de su muerte nos da el perdón de los pecados “que había bajo el primer pacto” y esto hizo el Señor Jesús ”para que los llamados reciban la promesa de la herencia eterna” (Hebreos 9:15, Mateo 26:28). Y de esto dice la Escritura:
Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.
Hebreos 9:16-28
Jesús es el único, suficiente y exclusivo fiador y mediador del Nuevo Pacto porque solo él fue señalado por Dios para dar su vida para establecer con su sangre el Nuevo Pacto y para redimir con su sangre todo pecado nuestro que había bajo el antiguo pacto de la ley de Moisés.
Conoce que hoy tu puedes entrar al Nuevo Pacto de Dios, pues Dios no es solo Dios de Israel y de Judá sino de todas las naciones; de toda tribu, pueblo, lengua y nación, porque por él y para él fueron creados todos los pueblos. Por tanto, no te sientas excluido de este Nuevo Pacto, asi como Israel esperó en Moisés para recibir la ley y el Antiguo Pacto, del mismo modo dice Dios que las naciones esperan en su Hijo Jesucristo para recibir la ley de Dios que es el evangelio y el Nuevo Pacto establecido no con sangre de animales como el pacto de Moisés, sino con la sangre preciosa del Señor Jesús quien por mandato de Dios Padre dio su vida pagando todos nuestros pecados para que todo aquel que en él crea no se pierda mas tenga vida eterna.
No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.
Isaías 42:4
Por tanto, arrepiéntete de tus pecados y cree que Jesús es el Señor y Salvador y tu también entrarás al Nuevo Pacto de Dios por medio de la sangre de Cristo.
Jesús es el profeta como Moisés
El Señor Dios de Israel levantó como profeta a Moisés para salvar a su pueblo de las manos de Faraón, para sacar a Israel de Egipto y para conducirlo por el desierto y finalmente entrar a su pueblo a la tierra prometida. Moisés durmió y ya no está con nosotros, sin embargo, dijo antes de dormir dijo: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.” (Deuteronomio 18:15-19)
Dios estableció que para acercarnos a él necesitamos un mediador (Deuteronomio 18:16) y de este mediador está escrito “él se acercará a mí; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí? dice Jehová” (Jeremías 30:21) Conoce pues que ese mediador, el único que puede acercarse a Dios por si mismo, es Jesús “porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5) y Dios mandó sobre Jesús que “a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo” (Deuteronomio 18:18-19) y Dios confirmó este mandamiento cuando dijo de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).
Es un mandamiento escuchar y obedecer a Jesús y todo aquel que no lo haga será cortado del pueblo y no será salvo. Jesús clamó y dijo: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” (Juan 12:44-49)
Jesús es el profeta como Moisés por lo que todo aquel que cree en Jesús cree en Dios y tiene la vida eterna; el que ve a Jesús ve a Dios; y todo aquel que no escucha a Jesús a quien no escucha ni cree es a Dios mismo y no es salvo. Jesús desea que nos arrepintamos de nuestros pecados y creamos en él y él nos dará vida eterna, para creer en Jesús debemos creer que él murió por nuestros pecados y que resucitó al tercer día y seremos salvos. Todo aquel que cree esto a quien cree es a Dios, mas todo aquel que no cree esto a quien no cree es a Dios; el que cree en Jesús tendrá vida eterna, mas el que no cree la ira de Dios será sobre esa persona.
¿Porque al creer en Cristo tenemos vida eterna? Escrito está que no hay hombre que no peque (1 Reyes 8:46) y la paga del pecado es la muerte (Ezequiel 18:4); el hombre por si mismo no puede justificarse delante de Dios (Salmo 143:2) pero Cristo es Dios mismo manifestado en carne (1 Timoteo 3:16) y siendo inocente, santo y sin pecado se hizo culpable de nuestros pecados para destruir nuestros pecados y purificó todos nuestros pecados por medio de sí mismo y resucitó al tercer día para rescatar del poder de la muerte a todo aquel que crea en él (Hebreos 2:14-15, Juan 8:51). Como dije anteriormente: ” El Señor Dios de Israel levantó como profeta a Moisés para salvar a su pueblo de las manos de Faraón, para sacar a Israel de Egipto”.
El Faraón es Satanás, por el pecado todo el que no ha creído en Cristo es esclavo de Satanás, así como Israel era esclavo de Faraón; mas todo aquel que se arrepiente de sus pecados y cree en Jesucristo es rescatado del poder de Satanás porque por la sangre de Cristo todos sus pecados son perdonados y ya no es esclavo sino que es un libre, un hijo o hija de Dios. Pero aquel que no cree en Cristo no es rescatado del poder de Satanás, sino que, lamentablemente, continuara siendo esclavo del maligno. La Palabra de Dios dice que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19), el mundo es Egipto quien estaba bajo el Faraón, pero todos los que hemos creído en Cristo hemos sido redimidos de todo linaje, tribu, lengua y nación por Cristo (Apocalipsis 5:9) por lo que Jesús dice de sus discípulos que “no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:14).
Cristo es el profeta como Moisés quien nos rescató del poder del maligno y del mundo con su sangre en la cual tenemos el perdón de todos nuestros pecados y nos entrara en la tierra prometida, el reino de Dios, cuando venga en su reino desde los cielos. Por tanto, arrepiéntete de tus pecados y cree en Jesús y serás salvo; mas si no crees, escrito esta que todo el que no crea en Jesús no será salvo. Dios te ama con amor eterno y quiere darte vida eterna, cree en Jesús y tendrás la vida eterna y serás redimido del mundo y del maligno con la sangre de Cristo en la cual todos tus pecados serán lavados, limpios y purificados.
Si crees de todo corazón que Jesús es el profeta como Moisés, pídele a Jesús que perdone todos tus pecados y que te selle para salvación con su Santo Espíritu. Si no sabes cómo hacerlo, has esta oración teniendo fe en Jesús, creyéndola en tu corazón y confesándola con tu boca.
“Señor Jesús, yo te confieso que he pecado pero creo que tú eres el Hijo unigénito de Dios y que moriste por mis pecados y resucitaste al tercer día para darme vida eterna. Perdona todos mis pecados, yo confieso que tu eres el Señor y Salvador y creo que al creer en ti he recibido el perdón de todos mis pecados, la vida eterna y que me has rescatado del poder del maligno y me has pasado a tu reino. Bautízame con tu Espíritu Santo e inscribe mi nombre en el libro de la vida. Gracias y Amén”
La paz sea con usted y con los suyos.