Jesús es el primero y el último
En el libro de Apocalipsis el Señor Jesús se revela a sí mismo como el primero y el último diciendo: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.” (Apocalipsis 1:17-18, 22:13). Primero quiere decir que Jesús es el primero y que existe antes que todas las cosas fueran hechas y último quiere decir que después de él nada ni nadie será. Dice el Nuevo Testamento sobre Jesús que “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1:1,3)
En el Antiguo Testamento Jehová Dios de Israel y de toda carne, creador de los cielos y de la tierra se llama así mismo “el primero y el último”: “Así dice Jehová el Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios. Óyeme, Jacob, y tú, Israel, mi llamado. Yo mismo, yo el primero, yo también el último. Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos con el palmo; al llamarlos yo, comparecieron juntamente.” (Isaías 44:6, 48:12-13). Vemos en Juan 1:3 que “todas las cosas fueron hechas” por Jesús y en Isaías 48:12-13 notamos que el primero y el último “fundó también la tierra” y que fuera del primero y el último “no hay Dios”.
El punto de lo que les vengo diciendo es que Jesús es Jehová, el primero y el último, quien hizo los cielos y la tierra y que fuera de él no hay Dios. Por lo que los Apóstoles, inspirados por Dios, dijeron que Cristo es “Dios sobre todas las cosas” (Romanos 9:5) y que Jesús “es el verdadero Dios y la vida eterna” (1 Juan 5:20) y que “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Amados, que hermosas noticias, “Dios fue manifestado en carne” y se manifestó en carne para llevar sobre si mismo todos nuestros pecados y purificar por medio de su cuerpo todos nuestros pecados. Por lo cual la Escritura dice:
“Aguardando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.” (Tito 2:13-14)
Podemos ver como escrito está que nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio. Dios es uno (Deuteronomio 6:4), por lo que fue Dios mismo quien se dio a sí mismo por nosotros para rescatarnos de todo pecado y para limpiar de todo pecado a su pueblo, adquiriéndolo para sí mismo con su propia sangre la cual fue derramada en su cruz. Este conocimiento es poder verdadero, tan solo tienes que creer en Jesús y creer que él es Dios mismo manifestado en carne, el Hijo de Dios, que murió por nuestros pecados y todos tus pecados serán perdonados y serás redimido de toda iniquidad por la sangre de Cristo.
Pero Cristo no solo murió por nuestros pecados, también resucitó al tercer día destruyendo a la muerte y esto hizo para que se cumpliera la Escritura que dice: “De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista.” (Oseas 13:14). Jesús resucitó al tercer día para redimir del poder de la muerte a su pueblo. Dice la Escritura sobre esto:
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (Hebreos 2:14-15)
El reino de Dios se ha acercado, Jesús es el primero y el último, Dios mismo manifestado en carne, quien hizo todas las cosas y murió por nuestros pecados para salvar a todo aquel que crea en él y resucitó al tercer día para redimir del poder de la muerte a todos los que han creído en él. Si crees en Jesús serás salvo. Ven a Jesús, cree en él y serás salvo, Dios te ama y quiere morar en ti; escucha su voz y abre la puerta de tu corazón a Jesús y serás salvo y conocerás al verdadero Dios y la vida eterna.
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